5/21/2012

Nahual


Mientras buscaba a mi abuelo, no podía dejar de ver hacia la puerta. Un perro negro miraba fijamente mis movimientos, -por eso no me gusta venir por mi abuelo- me dije en voz baja.

Desde que recuerdo siempre en el pueblo he visto a ese perro negro tras de mi. Una vez recuerdo que mi abuelo lo ahuyentó con unas palabras en nahuatl cuando yo era muy niño.

Abuelo, ahí estás de nuevo- me senté en la mesa junto con él, tenía un jarra de pulque enfrente.

Por eso no les gusta que salgas solo, porque terminas aquí con una o dos jarras de esas- le comentaba mientras él parecía ignorarme.

Mi abuelo es ya una persona mayor, tiene ya 90 años pero su cuerpo no parece tan viejo; por temporadas le da la bebida del pulque y se viene a la cantina de su pueblo. Mientras le hablaba miraba él hacia la puerta, hacia la misma puerta desde donde aquél perro miraba hacia nosotros. Entonces señalando a la puerta comenzó a decir:

-Dicen que cuando se te aparece, no puedes dejar de sentir su mirada. Tienes que enfrentarlo o huir.

Es un perro negro, no distingues la raza aunque muchos dicen que es un Xolo; tiene una mirada penetrante, sientes que te hela la sangre, de esas miradas que te dan escalofríos y te acompañan por el resto de tus recuerdos; si intentas verlo a los ojos descubrirás sus ojos rojos como dos luces que se tratan de borrar entre la niebla. Tiene las dos orejas bien paradas, levantadas las dos puntas, no las inclina ni las baja, ni siquiera las dobla; erguidas como él.

Nadie lo ha visto ladrar, nadie lo ha visto hablar, tan solo han sentido que los llama. Y todos los que le han hecho caso a su llamado jamás han regresado.

No se mueve mucho, no corre o al menos nadie lo ha visto correr. Dicen que se desvanece con la oscuridad, con la niebla o con el viento, porque dicen que viende Mictlán; otros dicen que es hijo de Ehécatl y por eso se van con el viento. Nadie sabe realmetne nada, nadie a excepción de aquellos que atienden su llamado.

Desde la llegada de los españoles, lo llamaron "demonio", como a todo lo que era desconocido para ellos. Irónicamente nosotros les decíamos dioses y ellos nos catalogaban como todo lo contrario. Ellos dijeron que no tenemos destino pero que su dios tiene una misión para nosotros, ellos dijeron que teníamos libre albedrío pero nos obligaron a caminar por su mismo camino de costumbres y usanzas, de sus miedos e inclusive hasta de sus sueños.

Algunos dicen que hubo unos sacerdotes que mataron al perro, pero nunca encontraron su cuerpo y es que no es uno sino varios y si muere, él no muere. El nahual se hace uno con la naturaleza.

Por eso escúchame bien niño, si te sigue llamando solo te quedarán esas dos opciones-

-...Nahual- repétí en voz baja mientras miraba a la puerta y sostenía la mirada del perro. -Nahual- repetí sin saber que era lo que podría llegar a suceder.

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Espero les agrade es un proyecto que también pinta para algo más, si las teclas y la inspiración así lo dictaminan.

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